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EL CEMENTERIO DE LOS TRANVÍAS

 
 

     El 14 e agosto de 1974 fallecía Raúl González Muñón. Dijo de él Héctor Yánover “…nos hizo más porteños al darnos otra zona del orgullo ciudadano, agregó nostalgia, le dio profundidad al alma de la ciudad, nos enseñó a verla y la ciudad adquirió fisonomía, historia. Una ciudad no cantada no tiene historia, el hizo la historia al cantarla”

     En su recuerdo y homenaje, hoy más que nunca Boedo -en su lucha por la plaza propia- canta la historia de aquel cementerio de tranvías convertido en el tiempo en el campo de la batalla legal que libra el vecindario de Boedo por hacer valer sus derechos ciudadanos.

Del libro A la sombra de los barrios amados (1957)

El Cementerio de los tranvías
(Loria y Carlos Calvo)

     En un galpón enorme -donde estuvo la fábrica-
ese armazón oscuro con el techo llovido,
cual carros amarillos que mascaritas pálidas
de extintos carnavales ahora habitarían,
duermen, esperan ¿qué? los vacíos tranvías,
esqueléticos, sucios. Los miro y los comprendo.
Como ellos, así fueron arrumbados un día,
por inservibles, hijos del bíblico dolor,
los nevados obreros, las máquinas vencidas,
los juguetes usados por niños que partieron
los tristes jubilados y los gorriones muertos,
fotografías borrosas, viejas cartas de amor.

    Una esquina en el barrio, tristona y pintoresca
como un destartalado gris, espectral telón,
cayendo en un teatro de suburbio sombrío,
cuando todos han muerto, sin el apuntador…
Y ahí están, los saludo, la calle solitaria,
esta noche y los árboles del otoño que hablan,
con su sombra, un dialecto que sólo entenderían
Chaplín, los faroleros, las gaviotas y vos.


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