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Cartas
de lectores
Señor Director:
La franja invisible
Hace seis años,
se leían 12 libros en los EEUU, en España
7, y en Argentina 0,5. Hoy esta diferencia debe ser
más marcada. Según la Cámara Argentina
del Libro, en apenas dos años después
del corralito se habían cerrado el 20% de las
librerías de todo el país. Agrega que
de cada 10 libros que se compran, 8 son para regalo.
Éstos pocas veces se leen.
La gente no lee para no pensar;
quizá también viceversa. Se debe a que
la lectura, en todos los tiempos, ha estimulado el razonamiento;
pero pensar siempre ha sido arriesgado y, en especial,
en épocas, peligrosas, no muy lejanas, y traumáticas;
las que siguieron no pudieron enmendar esas consecuencias.
Debido a eso es que no se lee más, para pensar
menos.
En el Estado ha ocurrido una
fuga de cerebros, pero éstos no sólo se
han escapado de la Argentina, sino que lo han hecho
de la cabeza de gran cantidad de personas. El país
ha sufrido una pérdida de masa encefálica.
Las masas, a su vez, han padecido una disminución
de su encéfalo: una suerte de lobotomía
social. El problema no estriba, solamente, en los libros,
sino que a la gente, por los mismos motivos expuestos,
le cuesta poder leer las páginas de la realidad;
se encuentra desde hace décadas acobardada, asustada,
amenazada. Ha cobrado fama el síndrome denominado
Panic attack, casi desconocido por la psiquiatría
de antes. Aumenta en muchas personas el sometimiento
y la desvalorización. Han perdido el amor propio
y el orgullo saludable que permiten al hombre ser amable
y afectuoso. Ante este estado de cosas no podemos dejar
de recordar aquellas palabras de Maquiavelo en El Príncipe:
El adjetivo de soberano aplicado al pueblo, es una farsa
trágica. Al pueblo no le queda sino un monosílabo
para afirmar y obedecer. Se lee poco porque se piensa
poco; y esto constituye, un círculo vicioso.
No se puede esperar que abra un libro, aquel que está
asustado y abatido. Más fácil le será
sentarse ante el televisor, y dejar que sus neuronas
huyan fluidamente por los setenta y tantos canales del
cable, o por los otros. Esto, no obstante, no es una
causa sino un efecto. Además, después
de cada una de estas tediosas contemplaciones, es posible
que el individuo quede más desmantelado mentalmente.
En ese estado, es difícil que pueda tener interés
por la lectura. Las letras favorecen la imaginación,
aumentan las ideas, sostienen los pensamientos y enriquecen
la inteligencia.
Todo esto, empero, no
es más que el síntoma de una enfermedad
más grave. La gente no puede hacer una lectura
de los sucesos, está menos esclarecida que nunca,
confundida, con un defecto en su capacidad cognitiva.
Existe una franja invisible de la realidad a la cual
no tiene acceso, como si tuviera un trastorno sensorial
o una especie de alucinación negativa (que consiste
en el rechazo de cierta porción del mundo externo,
o en un objeto sin percepción). De tal modo hay
una serie de fenómenos que no son observados.
Un bloqueo del entendimiento. Existe una zona ciega
para la comprensión: verdadero escotoma epistemológico.
La educación y la cultura deben mejorar al país,
pero no sólo a las clases media y alta, que también
lo necesitan, sino que es imprescindible ilustrar e
iluminar a todos y, en especial, a los estratos inferiores
del pensamiento. Es necesario que todos puedan subir
al carro o al carruaje, pues el que no lo haga tirará
para atrás o, sin darse cuenta, para el exterior.
De esto debemos tomar conciencia y hacer algo para remediarlo,
si queremos que el país se recupere y prospere.
Alejandro Sicardi
Médico - escritor
Docente de la F. de Medicina de la UBA
sicardi@sicardialejandro.com
www.sicardialejandro.com
LE: 5172199
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