Jornada
de fiesta completa. Como pocas veces la
celebración de este nuevo campeonato
que tuvo como participante privilegiado
a San Lorenzo de Almagro, alcanzó
ribetes de apoteosis.
Seguramente
en el ánimo de sus fieles seguidores
pesaba la enorme desilusión de la
anterior campaña del equipo que,
recordamos, tuvo algunos hechos de contornos
policiales. Esta vez, desde la primera fecha,
desde la incorporación misma del
nuevo entrenador, que transmitió
una inigualable dosis de fe, amor propio
y alegría, los ya consagrados y los
recién incorporados jugadores del
plantel profesional aportaron, sin distinción
alguna, lo mejor de sí, en personalidad,
en esfuerzo físico, en calidad futbolística.
Y se llegó al final cerrando el ciclo
de una campaña con muy pocos antecedentes
en la historia del club. La celebración
del centenario de la fundación del
club, en el próximo 2008, tendrá
-de tal modo- su mejor marco.
La
finalización del partido consagratorio
dio inicio a la celebración de la
familia boedense, mayoritariamente sanlorencista.
Pero aún aquellos hinchas de otros
equipos, (quizás con la excepción
de Huracán, por la clásica
tradición de enfrentamiento de los
equipos que nacieron casi al unísono,
que compartieron en sus inicios estas calles
del sur) que igualmente se sienten hermanados
por el sentimiento boedense, salieron a
las calles a compartir la celebración
de sus vecinos.
Así
las calles y avenidas se fueron viendo pobladas
por grupos familiares, adultos mayores,
hombre y mujeres, jóvenes, niños
en caravanas coloridas por las banderas,
los gorros, los estandartes, las camisetas
con los colores del manto de la Virgen que
dieron origen a la elección del padre
Lorenzo Massa. Todos convergiendo hacia
el centro natural del festejo, no en el
clásico Obelisco, sino en SAN JUAN
Y BOEDO, intersección que señala
el hito por excelencia del barrio. Los equipos
de transmisión de las estaciones
de radio y televisión dieron desde
temprano una imagen distinta al lugar que
mucho tiempo antes de comenzar el partido,
ya ofrecía llenos completos en los
cafés y restaurantes desde donde
podrían seguirse las incidencias
del partido por las pantallas de televisión.
Y por eso el San Lorenzooooo, San Lorenzoooo…
comenzó a escucharse temprano. Y
la fiesta fue todo fervor cuando circulando
despaciosamente por la avenida San Juan,
precedido por algunas motocicletas y móviles
con personal policial, se acercó
el ómnibus de doble piso de Flecha
Bus, con los héroes en su techos
y la copa pasando de mano en mano. Tras
el aplauso y el grito, con la ida de los
homenajeados comenzó la desconcentración
a pesar de las ganas inmensas de quedarse
afónicos gritando el nombre del campeón
de muchos asistentes. Pero los chicos ya
tenían el cansancio reflejado en
sus rostros, las abuelas y abuelos sentían
en sus piernas el esfuerzo y la hora de
la cena llamaba en muchos estómagos.
Lástima
grande que, como ocurre siempre, quedan
al final los inadaptados, los que nada tienen
de hinchas fieles del club, sino que son
aprendices de delincuentes, bebidos, drogados,
comenzaron los desmanes en las esquinas
de San Juan y Boedo, promoviendo la acción
policial en salvaguarda de personas inocentes
y de comercios del lugar. Gases lacrimógenos
y balas de goma, cascotes y piedras, fueron
el lastimoso final que no merecía
una fiesta como la vivida.
Gracias San Lorenzo de Boedo!
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