…titula
La Nación en primera página
el domingo Día del Padre.
Es
que según parece todos los organismos
de información del Estado se encuentran
abocados a la búsqueda de antecedentes
que puedan supuestamente afectar la credibilidad
de cualquier persona que en algún
momento haya objetado políticas de
gobierno u osado convertirse en dirigente
de la oposición. Así, en esa
búsqueda minuciosa de documentos,
que no alcanza para aclarar el supuesto
secuestro del dirigente peronista Jerez,
y tampoco para decirle a la población
que el declarado atentado contra la casa
del presidente en Santa Cruz en realidad
no fue tal, ni tampoco para dilucidar la
desaparición del testigo López,
ni aclarar los autores de las salvajadas
del Hospital Francés, o recientemente
del ataque a los empleados y empleados de
los casinos y así muchos otros hechos
que van siendo silenciados en los medios,
en esa búsqueda minuciosa, decíamos,
se ha hecho sonar los clarines de la victoria.
Se ha descubierto que Juan Carlos Blumberg
no es ingeniero recibido en ninguna universidad
del mundo.
Quienes tenemos
algunos años recordamos aquella inmigración
de los años 50 del siglo pasado y
lo habitual de la denominación de
“ingenieri” que se daba a los
técnicos italianos que llegaban a
nuestros puertos y generalmente pasaban
a ocupar puestos de dirección en
las fábricas que se abrían
o ampliaban en la época. Nadie les
pedía títulos, sino idoneidad
en el trabajo. Y esa la demostraban día
a día, y fueron el germen de un buen
número de importantes empresas del
ayer y de hoy.
Pero, que fue lo importante, lo que nos
hizo creer y seguir y acompañar al
Sr. Blumberg: su denodada lucha por una
mayor seguridad, por una mejor justicia,
lucha que se tradujo incluso en proyectos
legislativos, unos aprobados, otros discutidos,
pero todos vinculados a un tema que preocupa
y aflige a toda la población del
país.
Y los miles de hombres
y mujeres, de todas las edades, sin distinción
de capas sociales ni de ideologías
políticas que a lo largo y ancho
del país acompañaron y acompañan
la acción emprendida por el empresario
textil, cuyo calvario nadie quisiera sufrir,
nunca le pidieron su tarjeta de ingeniero,
ni su título universitario. Fueron
los hechos y las palabras protagonizadas
por el Sr. Blumberg las que acapararon la
atención de la familia argentina
que decidió acompañarlo en
esa cruzada que inició solo y que
hoy tiene miles de acompañantes.
Hubiera sido igual que Blumberg fuera abogado,
podólogo, profesor de letras o bombero.
A las personas se las juzga por lo que son
en la vida: buenas o malas personas, y no
por los pergaminos universitarios que puedan
tener. Repasemos nuestra historia política
reciente, y aún la actual, y veremos
cuantos “diplomados” están
involucrados en hechos de corrupción,
en acciones delictivas desde o fuera de
la estructura estatal.
Entonces, de que
nos sirve gastar miles de pesos en solicitadas
en todos los diarios para decirle a la población
que Jorge Telerman no era Licenciado, sino
que “simplemente” tenía
un título terciario pero no de grado
académico. Lo que no podemos decirle,
por lo menos hasta ahora, es que no estuvo
dedicado a su función de Jefe de
Gobierno, que fue para la cual fue designado.¿Le
hemos pedido su título a la Arq.
Silvia Fajre para reconocer su enorme trabajo
al frente del Ministerio de Cultura? ¿O
el Prof. Norberto La Porta fue menos diputado
porque solamente tenía un titulo
de segundo nivel? Por favor, terminemos
con estas especulaciones y reconozcamos
en cada uno el valor que tiene por sus acciones,
no por su paso por las aulas universitarias.
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