Las
noticias distribuidas por las grandes agencias,
especialmente TELAM, dan cuenta de la realización
de una Audiencia Pública llevada
a cabo en el teatro Sarmiento de esta Capital
para autorizar un aumento del 20% en la
tarifa que vienen aplicando los vehículos
taxímetros en esta Capital . Según
parece se inscribieron para hablar 40 oradores,
que esperamos no estén entre ellos
los fortachones conductores que se dedicaron
a realizar ejercicios gimnásticos
de arrojamiento de huevos a distancia, cuando
hace muy pocos días se arrogaron
la facultad de decidir por vías de
hecho, una actitud comercial absolutamente
legal, que beneficiaba a otro grupo de taximetreros.
Creemos
que en esa Audiencia tampoco se establecerán
con precisión los dueños de
“las paradas” del Aeroparque
Metropolitano, de las estaciones ferroviarias
o de los sitios céntricos, cercadas
por “patos vicas” de amarillo
que hacen valer el derecho de admisión
de un coche taxímetro en la fila
de espera. ¿Alguien no lo conoce?
Parece que sí, que las autoridades
desconocen la ocurrencia de este malevaje
diario ejercido entre miembros de un mismo
gremio.
Nos
preguntamos nosotros. Cuando se realizó
la Audiencia Pública para establecer
si la ciudadanía porteña aceptaba
pagar con sus impuestos los cuantiosos subsidios
que reciben las líneas de transporte
público, los propietarios de camiones
de carga, las líneas ferroviarias
entregadas a la administración sindical,
las líneas de subterráneos,
que permiten mantener los costos de viaje
congelados a los precios 2001/2002. O acaso
ese aumento encubierto, que pagamos con
nuestros impuestos, no tendría que
haber sido discutido antes? También
podríamos pedir que, como se hace
con el transporte público de pasajeros,
se subsidie el combustible que utilizan
los sufridos taximetreros, dueños
y peones, de forma tal que no se tengan
que aumentar las tarifas, temperamento que
redundará en disminución de
trabajo.
A
propósito, ayer a la tarde, cuando
volvía a casa tras la labor diaria,
me dije: tomaría unos mates con alguna
medialuna calentita. Entré entonces
en mi confitería preferida y me encontré
con que la docena de las espirituosas medialunas
había aumentado un 20%, costaba ahora
$ 7,20. ¿No parece mucho para los
muchachos que toman el mate a la mañana
mientras realizan su oficio de obreros o
empleados en cualquier lugar de la Capital?
Cuando poco más tarde concurría
a la verdulería del barrio por un
poco de cebolla de verdeo, salí espantado,
la deja reposando en el cajón. ¡Y
cuando mandé por una pizza para poder
cenar barato! $ 13 una muzzarella de las
más baratas en la zona.
También con los muchachos dejamos
de ir todas las tardes a tomar un cafecito;
prohibitivo. Menos mal que cuando nos decidimos,
por lo menos nos ahorramos el diario, que
ya tampoco sabemos cuanto cuesta: 1,50,
1,70, 1,90, 2,00, 2,10, 4,50!!! los domingos.
En el super, antes nos ahorraban el sufrimiento
de las bolsas cargadas, ahora, para que
comprendamos que el ejercicio es bueno,
nos cobran $ 3,00 por el reparto a casa,
ah! Y un super cobra ¡hasta las bolsitas
de polietileno!
Ni hablemos de salir en familia a almorzar
o cenar un fin de semana. Por lo menos,
un 30% más que hace dos meses, y
eso que todavía no se aplica el 23%
de Barrionuevo.
¡Que bueno que no haya habido Audiencia
Pública para fijar el Índice
de Precios al Consumidor!
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