Hay
veces, y últimamente se repiten con
mayor asiduidad que nunca, que nuestro país
pretende constituirse en pionero de una
nueva historia de la humanidad. Llevándose
por corrientes populistas, política
y económicamente interesadas en remover
pasados que ya muy pocos juzgan, en una
tierra que fue regada por la sangre de italianos,
españoles, judíos, alemanes,
asiáticos, corrientes inmigratorias
europeas y asiáticas de las que siempre
nos sentimos orgullosos, aparece ahora un
organismo que pretende dejar sin efecto
la celebración del 12 de octubre
como “Día de la Raza”,
declarado por el presidente Yrigoyen en
nuestro país y luego adoptado en
la mayor parte de las repúblicas
americanas, reemplazando la denominación
de la celebración por el de “"Día
de la Diversidad Cultural Americana"
El Instituto Nacional contra la Discriminación,
la Xenofobia y el Racismo (INADI) invitan
a participar de la presentación pública
del Proyecto de Decreto que impulsa la modificación
de la efeméride 12 de Octubre, promoviendo
la denominación de la misma como
"Día de la Diversidad Cultural
Americana", para lo cual con la apoyatura
de la Jefatura del Ministros, que es decir
del propio Poder Ejecutivo Nacional, se
presenta un proyecto para que, por ley,
se cambie el nombre de la celebración,
en una ruptura sin duda de los lazos que
nos unen a los países europeos.
Desde estás
páginas, sin dejar de respetar y
reconocer el origen americano de los primeros
pobladores de estas tierras hace miles de
años, vamos a honrar a aquellos hombres
y mujeres que llegaron a nuestras playas
desde distintos puntos de Europa, que sufrieron
y murieron en estas tierras, dejando una
civilización que fue el punto de
partida de nuestra entidad como Nación.
Por especial gentileza de la escritora,
poeta e historiadora Sr. Otilia Da Veiga,
presidenta de la Junta de Estudios Históricos
de San Cristóbal, Miembro de la Academia
Porteña del Lunfardo y vicepresidenta
de la Asociación de Poetas Lunfardos,
especialmente cedido para “Nuevo ciclo”,
transcribimos parte de su trabajo sobre
“La Conquista”, basado en una
meticulosa investigación de fuentes
bibliográficas de reconocido valor
histórico.
1536
A
comienzos de aquel año, Pedro de
Mendoza llega al Río de la Plata,
remonta el Riachuelo a lo largo de lo que
hoy es el barrio de La Boca – bancos
de arena y pampa hacia el oeste –
para recalar el 2 de febrero, a la altura
del parque Lezama, aproximadamente en el
cruce de las actuales calles Humberto 1º
y Defensa. Allí en medio de la soledad
de la llanura, levantan un “caserío”
al que dan el sonoro nombre de Santa María
de los Buenos Aires.
Al principio los
indios querandíes les ofrecen pescado,
pero después...”la lujuria
por las mozas que tienen un pequeño
paño delante de sus partes”...
al decir de Ulrico Schmidl y la complacencia
de las indias en el trato con los españoles,
desatarán la guerra.
El campamento es sitiado; el hambre los
obliga a comerse hasta los zapatos. Todo
se transtorna y convierte en una fiesta
infernal. Para colmo, habían descuidado
detalles técnicos, al traer 72 caballos
pero ninguna vaca y si lograron sobrellevar
el asedio, fue por la indiscutible y decidida
participación de las mujeres que
embarcaron para este viaje.
A las
bravas mujeres de la Conquista
¿En
qué nave las trajo la Conquista,
en la de Hernando Blas o de Mendoza?
Vientos de ingratitud la historia roza
ganada por las glorias del varón.
Mari Sánchez de Juan de Salmerón
y Catalina Pérez o la otra Catalina,
por trincheras de luchas y de ruinas
empalmaron los días del tormento,
-el hambre y la escasez por alimento-
¿En
qué embeleco el sueño las
alista?
Ciudad de paja, amurallada en lodo,
quien te quiso creer, ¡lo creyó
todo!
Entre tanto dolor, tanta amargura,
la vida con sus tientos se asegura
con aquellas mujeres de una pieza,
que sin perder en llantos la entereza,
fueron para la gesta de los hombres,
solo una cita más y algunos nombres...
Perdidos de
algún pliego, en una lista
para las que ganaron su derecho;
cronista de pasión, de trecho en
trecho,
por aquellas llanuras desangrara
a sus cartas, Isabel de Guevara.
¿Y de La Maldonada, padecida,
gusano de la fruta prohibida?
¡Menos cruel, Ruiz Galán lo
fuera el tigre!
Sin que la pena de mi pecho emigre.
Dolida dejo que el recuerdo insista:
pienso en María, amante de Mendoza,
y mi dolor en su dolor se empoza.
¿Y qué diría de las
dos Elviras?
Gutiérrez y Pineda, que en las miras
de aquellos vomitantes arcabuces,
con el ojo avizor y haciendo cruces,
sostuvieron al hombre desvalido,
con firmeza de roble ya crecido.
¿A qué
mundo las trajo la Conquista?
Tan lejos de la seda y de la gasa,
a padecer una existencia escasa,
a parir en un mundo sin perdones
la promesa fugaz de las pasiones.
El triste trance de la pobre Ana,
frente a su dura fe. Samaritana
quien por unos despojos de pescado
se vió crucificada en el pecado.
¡Bravas mujeres que olvidó
la historia,
desfilen, que aquí está, en
mi memoria!
Otilia Da Veiga
www.nuevociclo.com.ar
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