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ACTO
EN HOMENAJE A DOMINGO CURA
Fue un distinguido
vecino de Boedo que paseo su arte por todas las disciplinas
de la música popular y un símbolo del
folklore nacional
Había nacido en Santiago del Estero, la tierra
de la chacarera, en 1929, señalado, tal vez de
la misma forma que Homero Manzi, otro de los grandes
de Boedo, natural también de esa entrañable
geografía argentina, con un destino de barrio,
de este barrio, y meta de músico popular.
Su vocación por la música se despertó
muy tempranamente. Desde muy chico integró una
orquesta infantil tocando el bombo junto a su amigo
de toda la vida, Hugo Díaz, el inolvidable y,
con seguridad, el más grande de los interpretes
de armónica de todos los tiempos, también
él habitante de Boedo.
En 1945, con solo 16 años,
en comunidad de andanzas con este último, con
Hugo Díaz, con una armónica y un bombo
por todo equipaje, intentaron la conquista de la gran
ciudad. Hoy sabemos que el éxito los esperaba,
pero cuantos caminos de dolores y frustraciones habrán
transitado, desde el Santiago natal hasta el Boedo elegido.
Cuantas ilusiones se habrán roto y cuantas otras
habrán renacido, hasta que, como siempre, junto
a Hugo comienzan el recorrido, conforman un conjunto
folklórico al que llaman Hugo Díaz y sus
Changos. En el que incorporan a la hermana de Domingo,
con quien al poco tiempo se casa Hugo.
El grupo tuvo un gran
éxito, pero a Domingo Cura, artista inquieto
al fin, empezaron a interesarle otros géneros.
Así comenzó a adentrase, -sin abandonar
el bombo, naturalmente-, en el ambiente de la música
latinoamericana y del jazz donde sus condiciones naturales
para la percusión le abrieron un nuevo mundo.
Su contacto con este medio le permitió ampliar
sus recursos instrumentales al incorporar tumbadoras,
cocos, pandeiro, bongó y batería, lo que
le permitió interpretar los más variados
ritmos, e introducir algunos de ellos a la música
folklórica.
Era el año 1954 cuando forma parte de las más
reconocidas formaciones orquestales de jazz criollo,
“La Jazz “San Francisco”, “La
Jazz “Santa Anita” “Ritmo en el alma”,
y las orquestas de Eduardo Armani y de René Cóspito.
Su paso por los ritmos tropicales
y el jazz no fue vano, tuvo un gran reconocimiento y
lo llamaron a colaborar con ellos los más que
importantes representantes de la música popular
del mundo. Nat “King” Cole, el reconocido
cantante melódico norteamericano pero mejor,
aunque no siempre reconocido, pianista de jazz, en su
visita a la Argentina. También Mikis Teodarikis
supo de su capacidad, y el genial brasileño,
miembro de uno de los movimientos musicales latinoamericanos
mas importantes del siglo pasado, la vossa nova, Milton
Nascimento lo tuvo entre sus acompañantes. El
inolvidable Trio Los Panchos, de Chucho Navarro y Alfredo
Gil lo contaron entre ellos igual que Leandro “Gato”
Barbieri, que junto a Lalo Schifrin, son los más
grandes exponentes en el mundo del jazz argentino.
Pero la parte de su extensa carrera que lo llevó
al gran reconocimiento comenzó en 1961 cuando
conoce a Ariel Ramírez y con el que graba en
1962, en compañía también, de Jaime
Torres, un LD que se llamó “Folklore, en
nueva Dimensión”, donde su calidad de percusionista,
ya no solo de bombista, consigue llegar al gran público.
Luego llega la Misa Criolla de Ariel Ramírez
que graban junto a los Fronterizos, con la repercusión
mundial que todos conocemos y que lo llevó a
recorrer como interprete de música argentina,
creo que los cinco continentes.
Así llegamos a 1980 en que
grabó “Tiempo de Percusión”
la obra que le valió un gran reconocimiento en
lo personal tanto en el país como en el exterior.
También para es año comienza a acompañar
a Mercedes Sosa con la que recorre el mundo por largos
años, al igual que, posteriormente, con Zamba
Kipildor, con quien llevó nuestra música
y la Misa Criolla por los escenarios más importantes
de Europa.
Pero no termina aquí su devenir por las expresiones
populares de la música. Fue de los primeros que,
desde lo más alto de las manifestaciones musicales
del folklore, incursionó en el mundo del rock
nacional. Las últimas participaciones que tuvo
dentro de este género fue con Deborah del Corral
en el CD de Gustavo Ceratti “Simpre es hoy”.
Hasta aquí su vida artística. Ahora la
de vecino de Boedo. Recordaba él, con su humildad
de provinciano, que cuando llegó de Santiago,
siempre vivió en Boedo, primero en Inclán
y Boedo, luego y después de casarse, en una pieza
de Balbastro y Av. La Plata, frente a la cancha de San
Lorenzo, hermoso lugar para vivir, y desde hace más
de 30 años en Colombres y San Juan.
Contaba, que el hecho que el destino
lo haya traído a Boedo no era una casualidad,
porque de chico en Santiago, siempre escuchaba hablar
de Homero Manzi que paraba en San Juan Boedo. Como él
era de Añatuya, decía, de mi provincia,
cuando vinimos con mi cuñado quisimos conocer
la famosa esquina donde paraba. A mi me gusta recordar
el pasado, me hace bien. Porque Boedo me albergó
desde que llegué en momentos muy difíciles.
A veces me duele por los amigos y familiares que ya
no están y que también eran de Boedo,
y agregaba, la tranquilidad de Boedo para mí
siempre fue una fuente de inspiración, Yo me
sentaba habitualmente en el bar Florida cuando se sacaban
las mesas afuera y eso me ayudaba a pensar, era una
terapia.
Así fue Domingo un Cura,
un artista excepcional, un intuitivo del arte musical,
un misterio para los grandes directores de algunas importantes
orquestas de los Estados Unidos o de la Sinfónica
de Berlín que lo dirigieron y que no podían
entender que no supiera música que todo lo improvisara.
Lo que ellos no entendían y seguramente no podrán
entender nunca, es que si hubiera sabido músico,
no habría sido Domingo Cura, el nuestro.
Eduardo Rubén Bernal
De la Academia Nacional del Tango
De la Academia Porteña del Lunfardo
De la Junta de Estudios Históricos
del Barrio de Boedo
Bar Recuerdo, Boedo. 2005
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