ACCIDENTES
DE TRÁNSITO
Una nueva tragedia
enluta desde ayer a nuestro país. El accidente
que afectó un ómnibus de larga distancia
ocurrido en la provincia de Buenos Aires ocasionó
–hasta ahora- 4 muertes y más de 50 heridos.
.No se ha establecido ni difundido el alcance y gravedad
de las lesiones ni las secuelas que de ellas derivarán
afectando a los pasajeros afectados. Con este accidente,
fueron más de veinte las muertes ocurridas en
el fín de semana solo en accidentes importantes
denunciados por la prensa.
Desde
hace tiempo diversas entidades no gubernamentales y
algunas empresas privadas, desarrollan diversos estudios
sobre siniestralidad en accidentes de tránsito
tendientes a determinar no solo el número de
víctimas fatales, sino además la cantidad
de heridos, las secuelas de los accidentes, las pérdidas
económicas, las causas principales, intervención
de los organismos pertinentes en todo el país,
etc.
Regularmente
la prensa distribuye comunicados oficiales y no oficiales
mostrando las estadísticas conocidas. Si bien
existen diferencias entre los informes de una y otra
fuente, todas ellas coinciden en la necesidad de tomar
conciencia de la gravedad de la situación.
Nuestro
país ostenta una de las más altas tasas
de mortalidad del mundo, considerando la magnitud del
parque automotor que circula en los distintos países.
Para peor, las cifras van en crecimiento y sin miras
de disminuir. Según datos circulados por la Asociación
Luchemos por la Vida, en 2003 se registraron 6672 víctimas
fatales y alrededor de 120.000 heridos, que dejaron
miles de incapacitados por vida.. La pérdida
económica del país por tales causas se
estima en u$s 10.000 millones al año.
Durante 2004, el número
de víctimas sumó 7137 personas, de las
cuales 2.926 se registraron en la provincia de Buenos
Aires y 242 en la Capital Federal.
Una simple operación matemática nos permite
determinar que el promedio diario de muertes en todo
el país fue de 20, mientras el total mensual
de víctimas fatales totaliza 595.
Si nuestra
sociedad no asume con responsabilidad estos datos y
mantiene el criterio individualista de asignar siempre
las responsabilidades al otro, sea el otro una persona,
una institución (policía), se trata de
funcionarios públicos o meros empleados de bajo
nivel de decisión, no habrá forma. de
erradicar este verdadero cáncer que carcome el
cuerpo social, constituyendo la tercera causa de muerte
en el país.
Piense
el lector que 595 víctimas en un mes son tres
tragedias de Cromagnon mensuales, es la caída
de un avión Boering cada 30 días, es una
cifra infinitamente superior a los casos registrados
de muerte por HIV que, entre 1997 y 2000 alcanzaron
6443 casos, pero advirtiéndose año a año
un descenso que llevó el índice que registraba
estas muertes como del 0,68 del total en 1997, al 0,53%
en el ultimo año tomado.
Surge
aquí una pregunta: ¿Por qué son
más importantes para una sociedad, para los medios
de prensa (bueno, en este caso nos damos cuenta), para
los partidos políticos progresistas, identificar
culpables por la tragedia de Once, que asignar responsabilidades
por esta verdadera epidemia nacional que, si se hubiera
debido al virus H5N1 que produce la “gripe aviar”,
tendría a toda la población en acción,
como la tuvo en la olvidada o por los más jóvenes
desconocida experiencia de la epidemia de parálisis
infantil.
Recientemente
se realizó un muestreo sobre el uso del cinturón
de seguridad en los conductores y acompañantes.
Se lo relacionó luego con el cumplido dos años
antes al comenzar el cumplimiento de la ley. Vean el
comportamiento:
En los
autos particulares, el uso descendió a solo el
62% de conductores y acompañantes. Los conductores
de taxi, usted lo puede comprobar cualquier día
empíricamente, solo un 51% de ellos se preocupa
por llevar prendido el cinturón. Pero más
grave aún es que el 40% de los choferes de ambulancia,
que ya sabemos su modo de circular por la ciudad, utiliza
hoy el cinturón. Y la perla de la comprobación
es que se determinó que únicamente el
2% de los conductores de patrulleros policiales se aseguran
al asiento.
Qué
de las motocicletas. También aquí tuvimos
un día repleto de mobileros siguiendo la más
personal tragedia de un jugador de futbol, no un chico
de 18 o 20 años, sino de un hombre mayor de 30
años. Todos lo apreciaban como persona, pero
todos sus amigos, vecinos, compañeros de club,
conocían de su particular “ruleta de la
muerte”, trasladada al manejo irresponsable de
una motocicleta en una rueda, en no colocarse el casco
de protección, otra de las normas que no sabemos
para que sancionan nuestros representantes en el Legislativo,
si luego nadie obliga a cumplirla Yo recuerdo que a
pocos días de iniciada la campaña de prevención,
un relevamiento que realicé personalmente junto
a un paso a nivel que corta una de las avenidas importantes
de la ciudad, me mostró que estando las barreras
bajas, más del 90% de los motociclistas que llegaban
allí usaban casco (y por eso algunos se atrevían
a cruzar las vías en clara infracción,
total el casco los protegería del impacto con
el tren. Hoy, a tres años de aquella prueba,
es común verlos atravesar raudamente nuestras
calles y avenidas sin luces, sin cascos, a veces circulando
por las aceras y, algunos motociclistas delincuentes,
apoderándose de las carteras femeninas que encuentran
a su paso.
Señores/Señoras
conductores de cualquier medio con tracción propia
circulante sobre la tierra. Adopten por una vez actitudes
positivas. Respeten las reglas, aún cuando les
moleste su cumplimiento. Ellas han sido aprobadas para
el bien general de la población y no para la
“ranada” de unos pocos. Las luces prendidas:
siempre, los focos delanteros utilizados como corresponde:
las luces bajas y las altas tienen distinta significación.
Ningún vehículo de tracción propia
puede llevar más pasajeros que los habilitados
por el número de asientos del automotor, las
camionetas no pueden transportar personas paradas o
sentadas o acostadas en su interior con las puertas
de atrás abiertas. El mate y el teléfono
deben ser eliminados definitivamente en los vehículos
en tránsito, reservando su uso para cualquiera
de las frecuentes detenciones que hacemos en los viajes
largos.
Los límites de velocidad en nuestras calles,
avenidas y autopistas debe ser respetado por todos,
aún cuando la ley no escrita parecería
indicar que camiones grandes y choferes audaces, cuentan
con cierto privilegio, a la hora de anotar contravenciones
Papá-Mamá:
Ya sabemos que la presión de los chicos es grande,
pero conservemos nuestra autoridad de padres y no entreguemos
al vehículo ni al mejor de nuestros hijos para
que con un grupo de amigos se vaya a la playa, alquilando
un departamento entre todos. Los padres sabemos como
son los chicos en casa, desconocemos generalmente- la
transformación que se produce una vez fuera del
hogar, formando parte de un “equipo” de
adolescentes.
Para las
autoridades: Exigir, exigir y exigir, por todos los
medios a nuestro alcance que se cree una Policía
Municipal de Tránsito (se acuerdan de los “zorros
grises” todos los respetábamos.
La gente
respetuosa de sus derechos pero también de sus
obligaciones, debe tomar partido en esta tarea de defender
la vida, de evitar las muertes inútiles, de contribuir
al bien general.
Aníbal Lomba
www.nuevociclo.com.ar
Producción Propia
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