ANIVERSARIOS
La prensa entera del país
viene ocupándose desde hace varios días
del proyecto, ahora convertido en Ley, por el cual se
dispuso declarar al día 24 de marzo feriado nacional,
recordando que ese día se produjo el alzamiento
militar contra el inexistente gobierno peronista de
Isabel Martínez de Perón. Un importante
número de personalidades de la cultura vinculados
con las organizaciones de derechos humanos y un no menos
significativo número de legisladores, que no
podrán ser tildados de fascistas por ello, se
opusieron a la medida, entre ellos el Dr. Adolfo Pérez
Esquivel, Premio Novel de la Paz, a quien nadie puede
discutir su permanente defensa del valor de la vida
humana. La postura en este caso es que la fecha debe
constituir un hito que nos recuerde hasta donde pudo
llegar el accionar ilegal de las fuerzas armadas cuando
fueron convocadas por el gobierno constitucional de
Isabel Martínez de Perón, en ese momento
reemplazada circunstancialmente por el presidente del
Honorable Senado de la Nación, Dr. Ítalo
A. Luder, para “que las Fuerzas armadas procedan
a ejecutar las operaciones militares y de seguridad
que sean necesarias para aniquilar el accionar de movimientos
subversivos en todo el país” Los decretos
respectivos fueron firmados por los ministros Carlos
Ruckauf y Antonio Cafiero, luego ambos gobernadores
de la provincia de Buenos Aires al restaurarse la democracia
en el país.
En el periódico
“El Cronista”, dirigido por el luego detenido-desaparecido
Rafael E. Perrotta, el 11 de marzo de 1976 se publicaba
la fotografía que ilustra esta nota, que refleja
claramente, por los gestos de los allí retratados,
la ineptitud de ese gobierno, jaqueado por el mismo
movimiento peronista, en cuyo seno había crecido
una de las más crueles organizaciones terroristas
de extrema derecha, dirigidas por el entonces Ministro
de Bienestar Social José López Rega, cuyo
accionar estuvo amparado y se convirtió en el
primer terrorismo de estado de esa última mitad
del siglo XX, anticipándose al siguiente terrorismo
de estado encarnado por las Fuerzas Armadas después
de 1976.
Creemos, como muchos de
los que desearon impedir la sanción de la ley
que dispuso el feriado nacional, que si debiéramos
persistir en esto de la memoria del ayer que nos enfrentó,
tendríamos que recordarlo con otras fechas alusivas,
por ejemplo el día de la asunción del
gobierno por el Dr. Raúl Alfonsín, que
marcó la vuelta al sistema democrático
del voto universal o, si se piensa torcidamente que
esa fecha podría dar una ganancia política
al radicalismo, podría ser también aquella
en que se constituyó el Tribunal de enjuiciamiento
a las Juntas, hecho sin precedentes en país alguno
del mundo y que mostró la voluntad nacional de
castigar a los militares culpables de los excesos cometidos
en la lucha contra la guerrilla y el terrorismo.
También creemos
que la historia debe reflejar la realidad en su totalidad,
si bien es un espejismo suponer que se podrá
ser objetivo o inocente cuando se escribe. La lectura
de la mayor parte de los periódicos, las crónicas
de televisión, el discurso político, parece
hacer creer que un día, el 24 de marzo de 1976,
un grupo de generales, almirantes y brigadieres con
poder de mando, se unieron para salir a secuestrar,
matar, torturar a miles de nuestros conciudadanos. Y
no fue así. Basta solo una mínima investigación,
indagar cualquier periódico de los años
1972 en adelante, para darse cuenta que el país
había caído en el más hondo de
los precipicios. Los partidos políticos de entonces,
incluso sectores del propio peronismo, ante la inminencia
del golpe de estado por el vacío de poder que
se había producido en el gobierno de Isabel Martínez,
intentaron hasta el cansancio, sin éxito, la
salida constitucional: la renuncia de la presidenta,
la asunción del Dr. Luder, presidente del Senado
y un nuevo llamado a elecciones. Sí así
hubiera ocurrido seguramente nos hubiéramos ahorrado
muchas muertes inútiles, no las provocadas por
Montoneros, el ERP, Far, etc., que siguieron actuando
aún en vida del propio General Perón,
pero si muchas de las causadas por el segundo terrorismo
de estado, bajo el gobierno de las cúpulas militares.
Hace no más de
dos años, durante una reunión que se mantenía
en un aula de la Escuela Rufino de Elizalde, en la calle
La Rioja, donde funcionaba el Centro Cultural Julián
Centeya, pude observar una lámina colgada de
la pared donde estaban las fotografías de los
presidentes argentinos en toda la historia del país.
Solo faltaban aquellos que habían vestido el
uniforme militar y producido golpes de estado. En el
espacio en blanco decía: gobierno de facto.Por
supuesto no estaba el Gral. Uriburu (pero se olvidaba
que el luego Gral. Perón formó parte de
la sedición) Sí estaba la fotografía
del General Perón, cuya actividad política
fue derivación del golpe militar de los Generales
Rawson y Ramírez, pero que curioso – no
estaba el retrato del Dr. José María Guido,
a quién se tildaba como gobierno “de facto”.
No hace falta recordar que el Dr. Guido sucedió
al Dr. Frondizi, jurando ante la Suprema Corte de Justicia
en su calidad de presidente del Senado, adelantándose
solo unos minutos al Gral. Poggi, que pretendía
hacer lo mismo. Fue, por tanto, un presidente constitucional.
Esta anécdota real, comprobable (supongo que
ahora ya fueron retiradas las láminas) muestra
la tergiversación de la historia y como pueden
construirse en la mente de los chicos, imágenes
falsas.
Hemos visto también una sucesión de arrepentimientos:
militares, aviadores y navegantes, lo han hecho incluso
más de una vez. Pero no se han escuchado voces
de arrepentimiento de aquellos que formaron parte de
las primeras milicias, de quienes pusieron las primeras
bombas, de quienes asaltaron los primeros cuarteles,
de quienes cobraron los primeros suculentos rescates.
Y lo podían haber hecho. Algunos comprendiendo
luego que el camino era la constitución, son
hoy funcionarios del Estado argentino, favorecidos,
o no, por el indulto decretado en su momento por el
presidente Menem. Tampoco conocimos arrepentimientos
de quienes avalaron al “Brujo” o de quienes
atacaron La Tablada
Esta columna se adhiere
al texto del documento hecho público por la Iglesia
Católica, a través de sus Obispos. “Porque
se hace urgente la reconciliación argentina queremos
afirmar que ella se edifica solo sobre la verdad, la
justicia y la libertad, impregnadas en la misericordia
y en el amor” . “ debe ser este espíritu
de reconciliación el que nos anime en el presente,
alejándonos tanto de la impunidad, que debilita
el valor de la justicia, como de rencores y resentimientos
que pueden dividirnos y enfrentarnos”.
Son destacables en esta
oportunidad, por similitud de situaciones, las palabras
pronunciadas por la flamante presidenta chilena, Dra.
Michelle Bachelet, que en su discurso pronunciado desde
el balcón de La Moneda llamó a la reconciliación
para hacer un país “inclusivo” y
en lucha contra la desigualdad. “Gracias a todas
y a todos los chilenos, sin exclusión”
“Hubo tiempos de nuestra historia en que nos dividimos
entre unos y otros. En estos 16 años de democracia
hemos trabajado juntos para limar las asperezas de una
sociedad dividida”. “Es el momento de que
todos nos sintamos de los nuestros”
Sin palabras.
Aníbal Lomba
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